En el mundo que vivimos actualmente, todo va muy deprisa, muy rápido, con apenas tiempo de poder entender, pero, sobre todo de asimilar tanta información, o tanta noticia, evento, o tanto escándalo. Es como si estuviéramos en un circo, donde las diferentes pistas nos dan espectáculos, uno detrás del otro, sin pausa., o poder pensar y adivinar que truco vendrá después.
Ahora, los problemas surgen de repente, sin avisos, y nos pillan con las guardias bajas, sin prevención, sin plan B, y tanto el “stress” como la ansiedad hacen su aparición por no poder atender a sofocar tantos fuegos a la vez: con periodos, de calma absoluta, y otros de un desenfreno total de actividad.
Tenemos la sensación de que los acontecimientos nos superan, como si una mano negra nos mantuviera en un laberinto, en el cual, cada vez que vemos una salida, se nos cambian las puertas, para que no podamos salir de él. Como en un juego perverso del destino, que nos hace seguir en el bucle del día de la marmota. Donde el no saber, que va a acontecer mañana, da desasosiego. Sin embargo, nos vamos acostumbrándonos a afrontar los problemas cuando realmente aparecen, o cruzar el puente, cuando realmente se presenta ante nuestros ojos.
En las empresas, nos ocurre lo mismo, bien por nuestro tamaño, o por nuestra situación en el mercado. Nuestra capacidad de reacción es limitada, ya que los recursos, sobre todo económicos, nos limitan las acciones, y estamos condicionados por estas circunstancias, dando a entender que, el tamaño de la compañía condiciona las decisiones para un futuro inmediato, estando a remolque, muchas veces de las innovaciones e iniciativas de una competencia más fuerte.
En la realidad es un tremendo error, el futuro siempre va a llegar, y aunque no podamos controlar la velocidad del tiempo, si podemos hacer un esfuerzo para intuir, no solo lo que ocurrirá mañana, sino, los patrones, o tendencias que tendrá nuestro entorno, tanto económico, como social y prepararnos, dentro de nuestras capacidades, tanto para resistir las adversidades, como el poder aprovecharnos de algunas oportunidades. Es que no podemos olvidarnos que la inteligencia es el arma más importante, sabiendo utilizar las herramientas de la forma correcta, en el momento oportuno.
Pero no estamos solos, y nuestra competencia también actúa en los mismos escenarios, toma sus propias decisiones, tienen iniciativas, como un jugador de ajedrez, que mueve sus fichas en el tablero, observando, tanto las suyas, como las de sus oponentes. En el mundo de la estrategia y de la prospectiva, se trata de mover esas fichas, con el fin de obligar al contrario a mover las suyas, de las formas, y sobre todo en el momento, que más nos interese, obligando en ese futuro, que su posición sea la más ventajosa posible. Por lo que, jugando a corto plazo nos van engañando para que, a largo plazo, su situación sea mucho más poderosa, porque han monitorado, sobre todo, nuestros movimientos, en parte provocados, para conseguir su ventaja.
Si no podemos competir, al no tener las mismas fuerzas, sí que podremos observar sus movimientos, para no quedarnos de brazos cruzados, y reservar (dentro de lo posible) los recursos para cuando llegado el momento, reaccionemos, bien de forma conservadora, o tal vez agresiva, sobre todo si encontramos una debilidad en sus planteamientos
Aunque sigamos sumidos en la tiranía del corto plazo, tenemos la obligación de tener un ojo en el futuro, y no solo con la intuición, sino con herramientas y metodologías que nos ayudarán a crear una hoja de ruta estratégica que nos ayude a tomar decisiones rápidas y acertadas, y porque no, sorprender con un movimiento inesperado para la competencia. Recordemos, que ejércitos pequeños, han doblegado a otros más grandes.
En mullerestrategic, nos encargamos que ese navegador planifique la ruta más acertada para un futuro, para que cuando este llegue, estemos preparados, así que nos adelantamos, dentro de lo posible y de lo probable, a los escenarios venideros.














