Ya en la antigua Grecia, se empezó a popularizarse el termino democracia: DEMOS, pueblo, y CRACIA, poder. Donde, allí por el entonces, el poder emanaba del pueblo, de los ciudadanos. Sin embargo, había un problema; solo los ciudadanos podían decidir sobre el destino de las polis griegas, y la mitad de la población al ser esclavos no podían decidir sobre su destino, a no ser que consiguieran la libertad, y ser así ciudadanos. Y volviendo a nuestros días, aunque, en la gran mayoría de los países, ya no existe la esclavitud, has de ser ciudadano de ese país para tener derecho al voto.
La idea es delegar en unos representantes, los cuales defenderían en una asamblea los intereses de esos votantes. Cuestiones económicas, territoriales, sociales, judiciales, etc. Que hubiera un orden y consenso, para que, lo que decidiera la mayoría, sería lo más justo para la totalidad de la población. En poblaciones pequeñas es algo, más o menos sencillo de conseguir, como sería una comunidad de vecinos, una pequeña aldea o empresa. Es cuando el número es tan grande, y los intereses tan dispares, que las dificultades aparecen, y empiezan los juegos de intereses y de poder.
Además, ya empiezan a aparecer variables, como las costumbres, las creencias, las ideologías, pero sobre todo las ambiciones personales, lo que hace que poco a poco, se vaya diluyendo ese servicio público, esa idea de servir a la sociedad, dando la apariencia de que realmente se esta realizando lo que se promete.
De ahí llega la información, de saber lo que se necesita, lo que se requiere, pero sobre todo lo que interesa, donde esos representantes se asocian en partidos, que defienden, supuestamente, las mismas ideas, creencias, o ambiciones, creándose un estado, propio, una corte medieval, donde el máximo representante se convierte en líder supremo, en un Rey, donde, controlando su partido, va controlando todos los estamentos de poder.
Y nos olvidamos del pequeño tramite del voto, de la voluntad popular. Algo que poco a poco, se va convirtiendo en una profesión de como influir en el voto del ciudadano, más de forma emocional que racional. Es cuando empieza el marketing político, una fórmula de conseguir el apoyo popular, mediante slogans, mantras, promesas, ilusiones, etc., donde los medios de comunicación es un instrumento perfecto de apoyo, que. antes era la radio y los periódicos, cuyo efecto era más limitado, ahora se pasa a las redes sociales y a la televisión, donde lo que se publica es la verdad absoluta, máxime si es lo que realmente queremos consumir.
Por eso, en prospectiva analizamos el comportamiento social para poder adelantarnos a los juegos políticos y geopolíticos, para adelantarnos a esas realidades plausibles que puedan aparecer, manejando la información, el uso de los diferentes partidos políticos, para ver cual es el pulso real de la opinión popular. Las encuestas clásicas cada vez fallan más, al escaparse muchos acontecimientos virales que no se hablan, o lo hacen a tan corto plazo, que la rápida intervención depende el poder de un partido o de otro.
En mullerestrategic hacemos dichos estudios para ver los cambios de ciclos políticos, y ver ya la política no como una vocación, sino como una profesión que tiene sus objetivos y fines.
No solo a nivel de un país, sino en sus peculiaridades, como en el caso español, donde el peso de cada región es distinto en el escenario político, que se podrá detectar la capacidad de influencia de cada uno, en cada circunstancia, que es vital para tomar decisiones sociales, empresariales y sobre todo políticas.














