
En marketing, cuando alguien se pregunta quién es el cliente, la respuesta es tajante: es quien decide la compra. Ahora bien, quien tiene la capacidad de influir para que otras personas tomen esa decisión también ejerce poder. De ahí que haya marcas con mayor capacidad de influencia que otras.
Pero el poder es algo más: es un instrumento, adquirido o heredado, que, según su aplicación, puede generar consecuencias positivas o negativas. Sin embargo, su valoración también dependerá de la interpretación que tengamos de quien lo ejerce, ya que la percepción del bien y del mal suele estar atravesada por un prisma subjetivo.
Dentro de este concepto también debemos hablar de círculos de poder o de sistemas jerárquicos, en los que siempre hay alguien por encima de los demás. Esto provoca, muchas veces, que no sepamos quién se encuentra realmente en la cúspide de la pirámide. Por ello, solemos conocer el nivel en el que estamos y el que nos precede desde arriba. La ambición, o incluso el erotismo del poder, nos impulsa a seguir escalando y a anhelar cada vez mayores cuotas de influencia.
Ahora bien, el poder requiere una variable imprescindible: la inteligencia o la astucia para obtener información tanto de enemigos como de aliados, anticiparse a sus movimientos y actuar antes que ellos. También exige saber utilizar, para bien o para mal, los recursos disponibles, ya que cuantos más recursos se tengan, mayor será la capacidad de acumular poder. Aunque los objetivos solo sean claros para quien decide y genéricos para los demás, su orientación condiciona todo el proceso.
Al final, todo debe responder a una hoja de ruta, a un tablero de ajedrez en el que cada pieza representa un recurso de valor: un agente, un gobierno, un ejército, una industria o, simplemente, el mercado financiero. Todas esas piezas han de moverse con precisión y en los momentos adecuados para desembocar en los acontecimientos esperados.

Sin embargo, solo podemos observar evidencias e intenciones a través de los juegos políticos, empresariales, económicos, legales y sociales. A partir de ellos intentamos identificar cuáles son los movimientos de cada protagonista, de cada actor, así como sus posibles consecuencias. El análisis de los datos permite detectar patrones de conducta y tendencias, y, de este modo, realizar previsiones con cierta probabilidad de que determinados hechos ocurran.
En mullerestrategic creemos que los juegos de poder son vitales para los estudios a corto plazo, pero, sobre todo, para los de medio y largo plazo. Los movimientos que se realizan ahora son decisiones que tendrán consecuencias: muchas de ellas estarán planificadas y otras serán simples reacciones ante esos movimientos. Por ello, elaboramos varios planes, tanto para un mismo escenario como para escenarios distintos, en función de la dificultad del estudio. Sabemos que el principal reto consiste en conocer con certeza cuáles son los grandes objetivos que hay detrás de cada acción. Solo mediante la experiencia y una metodología rigurosa podemos anticiparnos y tomar decisiones que nos preparen para una nueva situación, aunque no sea deseada. Si ha sido provocada, intentaremos que nos afecte lo mínimo posible o, incluso, aprovechar algunas oportunidades, siempre dentro de nuestro campo de acción.














